6 de septiembre de 2007

Mito genérico del origen

En el principio todo era inerte. Todo era neblinoso y oscuro, y la noche y el día llegaban sin que nadie los viera. Entonces, debido a una erupción volcánica, nació la Naturaleza. La Naturaleza era hermosa. Para embellecer su casa ponía yerba por todos lados, flores en los árboles, y hasta generó muchos animalitos muy simpáticos para animarse un poco y llevar el ritmo de los vientos y las aguas.

Un día la Naturaleza se sintió muy sola, se dijo "¿cómo puedo saber si lo que hago es bello o no, si no tengo mayor referencia que yo misma?", y entonces creó a su imagen y semejanza a Nitiki, la mujer, para poder tener una compañera con quién platicar de sus obras y sonreir, excepto que como Nitiki no había nacido del volcán, no tenía poderes tan enormes como la Naturaleza.

Nitiki, como todo lo creado por la Naturaleza, era hermosa, y encontraba bello todo lo que la Naturaleza inventaba. La Naturaleza se sintió muy satisfecha de haber creado a Nitiki, pues era compañera inteligente y sensible, y siempre le decía lo que pensaba. Así pasaron muchos siglos siendo amigas, hasta que un día Nitiki se sintió sola, ella también necesitaba de un testigo, fue entonces cuando inventó al hombre, Duhb.

Cuando la Naturaleza vio que Nitiki había usado parte de sus poderes para crear, aunque con enorme torpeza, se enfureció y le retiró el velo de inmortalidad que le había regalado en un principio. También la condenó a hacerse cargo de Duhb y de sus crías. Así, con rencor y temor hacia una madre demasiado severa, se originó la humanidad.

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