29 de diciembre de 2007

Comida-pleito-enfermedad

Ayer hubo gran comida de fin de año en la oficina. Contrataron un servicio a domicilio por parte de un restaurante marisquero y comí muchísimos camarones, unas cuatro almejas, dos tentáculos de pulpo y arroz. También bebí: abrí con un caballito de tequila, y durante la comida abundante vino blanco.

Antes de eso, en la mañana temprano, después de 45 días de paz entre nosotros (la última vez fueron unos spaguetti remojados cinco horas con muchísimo cariño que me negué a comer), dimos inicio a las hostilidades. Las hostilidades escalaron en la tarde --después de ganarme un horno de microhondas en la comida-fiesta--, durante una llamada telefónica de un par de horas, después de la cual cerramos comunicaciones de-fi-ni-ti-va-men-te.

Regresé a la para entonces sólo fiesta, con un grupo de compañeros de trabajo y amigos que habían permanecido bebiendo después de los regalos. Y como para entonces ya no me sentía muy bien decidí no ingerir más alcohol. Mis síntomas de intoxicación estomacal normalmente son: gran dolor de cabeza junto con eructos frecuentes y poco a poco nausea.

A pesar de haber mandado todo a volar, salí de la pachanga laboral y me vine a acostar enfermo al depto, donde vomité la mayoría de los mariscos y D me cuidó preocupada. Durante la noche, antes de partir al mundo de los sueños le agradecí y ofrecí disculpas.

Hoy estamos serenos. Las bromas prácticas de 28 de diciembre definitivamente no me gustan. Iremos a desayunar.

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