30 de junio de 2010

Que me dejan pensando (mis papás)

En últimos tiempos, por problemas que tuvieron mis papás, he estado pensando en lo que mueve a los miembros de parejas veteranas a continuar su vida juntos; en cómo de voluntaria, la presencia se vuelve obligatoria, y al ser obligatoria pierde prácticamente todo el sabor de libertad que la hacía disfrutable en sus inicios.

En cómo los reclamos no acercan a las personas, no las unen más, sino al contrario, las distancian y aburren.

En que debería de haber una campaña permanente de seducción por parte de los integrantes de cualquiera de esos tan promocionados clubes de dos, y también tendría que haber apertura y receptividad para con esa seducción, así hayan pasado 30 años juntos, para no dar pie a reclamos y celos y enojos y demás frustrantes estupideces.

En que después de un tiempo, los presuntos motivos originales que unieron a dos personas pueden ya no estar vigentes en los ánimos de aquellos voluntariamente unidos, y entonces deberían haber otros motivos, otros elementos de cohesión. Y digo "presuntos" motivos, porque resulta que no son esos, que uno se arrima a otra persona y viceversa por cuestiones instintivas e inconscientes, y que luego uno busca racionalizar por medio de ideas y/o aspiraciones comunes los sentimientos que le embargan, pero que con el tiempo cambian inevitablemente.

Me inclino a pensar que tras cierto lapso, ya que el mariposeo estomacal del enamoramiento se ha desvanecido, es sano restablecer las razones por las cuales se hace equipo con otra persona, así como el trato que se darán entre sí los participantes de una pareja, para acomodarlo todo hacia una visión más práctica y menos romanticona, pero no carente de amor o de cariño.

En fin, que mis papás llevan casi treinta y cinco añotes casados, y últimamente han andado del chongo por tonterías que no deberían ni inmutarlos tras todo ese tiempo de historia juntos. Como sea, yo no me aferro a que permanezcan unidos, (vista desde fuera) sería lindo que su sociedad bipartita durara "hasta que la muerte los separe", pero si no es así, pues ni modo, tal vez para ellos (vista desde adentro) no resulte tan linda. De cualquier modo, mi perplejidad con respecto a los asuntos del amoooorrrr aumenta todos los días.

2 comentarios:

Guillermina Sosa dijo...

Hola. A mí eso de el amor también me ha dado mucho que pensar, sobre todo enfocado a los papás. Ellos no compartieron mucho tiempo de vida, como bien sabes, pasaron 35 años estando y no estando. Al final yo ya no sabía si se querían y me parecía que ellos también lo ignoraban. Sin embargo mi papá murió un 1 de febreo y mi mamá un 26 de abril del mismo año- Ella era saludable para sus casi 70 años y estaba muy felíz con el nacimiento de mi primogénito. Siempre he creido que la convivencia de pareja produce una simbiosis para los demás poco entendible. Pero si algo faltaba entre mis papás era convivencia. Creo que mamá pudo vivir esperando que papá llegará pero no pudo vivir sabiendo que ya no existía la posibilidad, vaya forma de amar. Hoy, como única muestra física de su unión, me gusta pensar que la muerte no los separó, aun mejor y llámame ingénua si quieres, les pirmitió estar por fin juntos.
Todos los días te leo pero pocas veces tengo la oportunidad de comentar.
Abrazo

choco Nocturno dijo...

A mi me parece que en el siglo XXI apenas estamos a tiempo de replantear culturalmente la manera de relacionarnos. Me parece inverosimil que la cultura exija que nos relacionemos de la misma manera en la que la gente se relacionaba hace 100, 200, más años. La descomposición de social de la familia (como la plantea el status quo) es bastante más que evidente. Relaciones que, otrora se sentían poderosas y fundamentadas, terminan por un mensaje del Facebook. Mujeres que, en vez de de responsabilizarse de su propia vida, siguen buscando un proveedor con el ya trillado argumento del terror a la "soledad".
Recuerdo que Óscar una vez señaló que "somos la generación de los padres divorciados". Y sí, creo que el boom de los divorcios comenzó más o menos con nuestros padres. Incluso, ya hasta tengo amigos que son divorciados. ¿Qué desviación maniática hace que queramos seguir relacionándonos en los mismos términos que nuestros abuelos? No sé, no sé, yo llamo a la revolución.