27 de agosto de 2011

Gradualmente, poco a poco

En las mañanas suelo levantarme a las siete veinte, como me baño en las noches, acostumbro que mi primera acción del día sea ir a la cocina y preparar el biberón de Loana, regresar a la habitación y dejarlo ahí listo para que cuando mi pequeña se despierte su mamá pueda ofrecerle el primer alimento tibiecito y sin demoras.

Luego voy al estudio (donde está mi closet) y me visto mientras leo las noticias del día, y generalmente me percato de que ya tendría que haber salido hacia el trabajo, cuando empiezo a desayunar. Es decir que casi siempre salgo al cinco para las ocho, y las consecuencias de mi salida tan tardía es que llego entre las ocho y veinte, y las ocho cuarenta, dependiendo de lo cargado del tránsito.

Lo anterior es malo desde el punto de vista de mi horario de entrada, que es a las ocho de la mañana. Siempre que llego, aunque mi actitud es de total cinismo, me siento culpable y me desprecio minuciosamente. Dicho desprecio se refleja en mi hábito de poner mi despertador a las seis, según yo para ver si en una de esas yo-matutino me concientizo y me despierto más temprano. Yo-matutino siempre escucho el despertador, lo veo, sé que es demasiado temprano para salir de la cama, y aprieto el botón que retrasa el alarma de mi reloj para 10 minutos más tarde. Cada 10 minutos pues, veo la hora, y ahí entra en juego un yo-malvado que, cuando ya es tarde, y sabiendo que ya es tarde, me miento diciéndome que si me apuro en el desayuno, o que si me visto más rápido, todavía puedo salir a tiempo. Y como todos mis otros yos están cansados y quieren dormir, le dan la razón al yo-malvado. Total que llevo meses de no haber podido llegar temprano.

Hace poco conversaba desto con un amigo de mi musa y mío (Saludos Corso), y me dijo que lo que pasaba era que estaba tratando de hacer un cambio demasiado drástico al poner mi despertador a las seis. Que lo que tenía que intentar eran cambios chiquitos y manejables, cinco o diez minutos, nada más. Apenas antier, pensando en mi nulo éxito para levantarme más temprano recordé sus sabias palabras, y creo que voy a empezar a hacerlo. Lo ideal no es despertarme una hora antes, sino 25 minutos antes, pero 25 minutos han sido imposibles de conseguir, así que intentaré despertar cinco minutos antes las próximas dos semanas. Si lo logro, intentaré otros cinco minutos las siguientes dos semanas, y así, poco a poco, si soy constante, si me esfuerzo un poquito más cada día, llegaré en 10 semanas (que es aprox el tiempo que falta para que nazca Matute si no se adelanta) a las ocho de la mañana a mi trabajo, y consecuentemente me iré a las cuatro de la tarde. Vale la pena intentar este nuevo modo de cambiar mis hábitos.

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